Castillos Medievales, Una Gran Aventura



Durante la Edad Media, el castillo no sólo cumplía funciones militares, sino que servía también de residencia a los señores de la nobleza y a los propios reyes, derivando con el tiempo en un auténtico palacio fortificado.

¿QUE TAL VIVIR UN FESTIVAL MEDIEVAL?


Si bien podía estar enclavado en los núcleos urbanos, lo común es que se situase en lugares estratégicos, normalmente en puntos elevados y próximos a un curso de agua para su abastecimiento, desde donde pudiera organizarse la propia defensa y la de las villas que de él dependían. El castillo era muy conocido en la Edad Media pero su origen es más antiguo y tiene precedentes en la Grecia clásica. Se utilizaba como cerco defensivo una mera empalizada de madera, pero la evolución del armamento y de las técnicas militares hicieron inservible este procedimiento; más adelante, se confió en la solidez de las construcciones en piedra y en la altura de los muros que con este material podía alcanzarse.

Si analizamos las fortalezas medievales cristianas desde un punto de vista evolutivo podemos observar la notable transformación que experimentaron en su fisonomía a partir del siglo XV, con la difusión de la artillería. Así, las antiguas fortalezas macizas, de muros altos y casi ciegos, sin vanos, jalonados por torres, matacanes y almenados, dejan paso a otras en las que las almenas, antes separadas entre sí, se juntan formando un parapeto corrido y de superficie convexa para rechazar los proyectiles. Se abren troneras en los muros para asomar por ellas las bocas de fuego de los cañones, y se reduce la altura de muros y torres para disminuir, en la medida de lo posible, la superficie vulnerable.